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Desgarros Meniscales: Recuperación de una Lesión Meniscal

Staci Eufemi, PA-C, debate sobre las causas de desgarro meniscal y cómo afectan al paciente día a día. Ella presenta nuevas formas mínimamente invasivas para tratar estos desgarros y el retorno de las personas a sus actividades.

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Desgarros Meniscales: Recuperación de una Lesión Meniscal

Hace décadas, se pensaba que los meniscos eran estructuras sin función, pero con varios avances tecnológicos, se ha demostrado que son estructuras importantes para la función general de la rodilla. La rotura de menisco es una de las lesiones ortopédicas más frecuentes, ya que afecta aproximadamente al 16% de la población. Aunque las roturas de menisco pueden afectar a cualquier persona, algunos grupos de población corren mayor riesgo, como los hombres, los deportistas, los pacientes con mayor IMC y determinadas ocupaciones, incluidas aquellas en las que es necesario ponerse en cuclillas, trepar y levantar objetos pesados.

Repasemos primero la anatomía básica y la biomecánica de la rodilla para comprender mejor el papel del menisco. Los meniscos son dos cuñas semilunares de fibrocartílago entre el fémur o hueso del muslo y la tibia o hueso de la pierna. Tiene uno situado en la parte interna de la rodilla, llamado menisco medial, y otro en la parte externa, llamado menisco lateral.

Mirando la tibia, el menisco medial se parece a la letra C y el menisco lateral a la letra O. Los meniscos cubren aproximadamente la mitad de la porción articular de la rodilla. Los meniscos están compuestos principalmente de agua, seguida de colágeno y proteínas.

El colágeno es responsable de la resistencia a la tracción y, como puede verse, los meniscos tienen forma triangular o de cuña. Son gruesos y convexos en la porción externa, adelgazándose hasta un borde fino interno. Los meniscos aumentan la estabilidad para la articulación o conexión de los huesos del muslo y la pierna.

También distribuyen la carga axial, absorben los impactos y proporcionan lubricación y nutrición a la articulación de la rodilla. Todas las poblaciones están sujetas a desgarros del menisco cuando hay una fuerza externa que provoca la torsión de la rodilla. Los desgarros de menisco pueden producirse por traumatismos, como los relacionados con el deporte, que se denominan agudos.

También pueden producirse con el tiempo, lo que se denomina desgarros crónicos o degenerativos. Los pacientes con artrosis también son más propensos a sufrir roturas de menisco de tipo degenerativo. Existen 5 tipos de desgarros meniscales: radial o perpendicular a la tibia, horizontal y vertical, longitudinal o paralela a la tibia, oblicua y compleja, que incluye las roturas en asa de balde.

La presentación de los síntomas puede variar en función del mecanismo de lesión, la localización y el tipo de desgarro y otras lesiones de rodilla concomitantes. Los síntomas clásicos incluyen sensibilidad en la línea articular con la palpación y actividades como caminar y ponerse en cuclillas. Este dolor puede ser generalizado o localizado.

Los pacientes con desgarros degenerativos o crónicos se quejarán de más dolor después de la actividad y de cierta inflamación. Los pacientes con lesiones agudas pueden quejarse de gran inflamación y síntomas mecánicos como bloqueo y atrapamiento. Al principio, la mayoría de los pacientes autotratan su dolor con el método RICE y medicamentos.

RICE son las siglas en inglés de reposo, hielo, compresión y elevación. Pueden añadirse medicamentos orales como Tylenol y AINE, como Aleve o ibuprofeno, para controlar la inflamación y el dolor. Estos medicamentos pueden adquirirse sin receta o recetarse.

Si los síntomas persisten o aumentan, se recomienda acudir a un profesional de la salud, como un médico, un auxiliar médico o un enfermero. En primer lugar, el profesional obtendrá un historial detallado del mecanismo de la lesión, los síntomas y los antecedentes de salud y medicación. A continuación, el profesional realizará un examen exhaustivo, que incluirá la palpación de la articulación de la rodilla y maniobras específicas, para detectar una rotura de menisco y otras lesiones asociadas.

Estas pruebas pueden provocar dolor, pero orientan al profesional hacia un posible diagnóstico. Aunque una radiografía no mostrará lesiones de tejidos blandos como una rotura meniscal, es probable que el profesional la solicite. Las radiografías mostrarán otras patologías importantes, como fracturas y artrosis, que se utilizan para decidir las opciones de tratamiento adecuadas.

Es posible que se soliciten imágenes avanzadas, como una resonancia magnética, para evaluar con más detalle las estructuras de la rodilla, incluidos los meniscos y los ligamentos. Los meniscos son pequeñas estructuras triangulares, y la lesión del menisco se observará de una forma anormal y/o un aumento de la señal o blanco en la imagen.

Una vez diagnosticada la rotura de menisco, el debate posterior entre el paciente y el profesional sanitario ayudará a orientar las mejores opciones de tratamiento. Estas opciones vienen dictadas por varios factores, como la edad del paciente, la complejidad del desgarro, la calidad del tejido, la gravedad de los síntomas, la lesión aguda frente a la crónica y el riesgo quirúrgico del paciente. Este debate incluirá opciones de tratamiento conservador y/o quirúrgico.

El tratamiento conservador puede ser la opción preferida para los desgarros más pequeños, los pacientes con artrosis avanzada y los pacientes que no pueden someterse a una intervención quirúrgica. Aunque estas medidas no pueden curar el menisco roto, los síntomas pueden reducirse significativamente con su aplicación. El tratamiento típico incluirá uno o más de los siguientes elementos: fisioterapia, inyecciones, medicamentos de venta libre o prescritos y modificaciones del reposo o la actividad.

Si la cirugía es la opción de tratamiento elegida, es probable que se realice de forma ambulatoria mediante artroscopia. La cirugía artroscópica es un procedimiento mínimamente invasivo en el que se examina y se trata la articulación introduciendo una cámara e instrumentos en la rodilla a través de pequeñas incisiones en la piel. Esta imagen ilustra el uso del sistema Arthrex NanoScope.

El cirujano tomará la decisión de reparar o resecar el menisco desgarrado. La decisión de reparar o resecar el menisco viene determinada por varios factores, como la cronicidad, la edad del paciente, otros problemas presentes, como la artrosis, el patrón y la localización del desgarro. Sólo algunas partes del menisco reciben un buen riego sanguíneo, por lo que la decisión de repararlo puede verse limitada por motivos de cicatrización.

Si se opta por resecar el desgarro, el cirujano utiliza una mano para sujetar el artroscopio y la otra para instrumental como un shaver de cartílago o un bitter. La parte desgarrada del menisco se reseca, como se muestra en esta animación. Por lo general, el cirujano extirpa sólo la parte desgarrada, dejando la mayor cantidad posible de menisco viable.

Por lo contrario, esta animación destaca un dispositivo de reparación meniscal de Arthrex denominado FiberStitch. Como puede ver, se colocan suturas alrededor del desgarro vertical para aproximar los bordes y facilitar la cicatrización.

Los cuidados postoperatorios pueden variar en función de las preferencias del cirujano. Lo más probable es que el cirujano recomiende el uso de un dispositivo de asistencia, como un andador, muletas y, posiblemente, una férula ortopédica. El tiempo de uso dependerá del tipo de cirugía realizada.

Otras medidas recomendadas son la medicación, la compresión, el hielo, la elevación, las modificaciones de la actividad y la fisioterapia. La fisioterapia no sólo es importante para recuperar la fuerza y la amplitud de movimiento en el postoperatorio, sino que ayuda a volver a practicar deportes, actividades recreativas, ejercicio o a la siguiente aventura. Es beneficioso continuar con los ejercicios incluso después de recibir el alta médica completa para mantener la fuerza y la flexibilidad, lo que puede ayudar a prevenir futuras lesiones.

Tanto si su actividad ideal es hacer senderismo por la montaña, aprender a jugar al pickleball o volver a jugar al baloncesto, el objetivo es el mismo. Recuperación óptima tras una lesión meniscal. Porque, al fin y al cabo, la aventura está esperando.