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Necrosis Avascular de Cadera (NAV): Visión General

Este video brinda una visión general sobre cómo se desarrolla la necrosis avascular de cadera, la anatomía relevante, y cómo el profesional de la salud diagnosticaría al paciente.

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Necrosis Avascular de Cadera (NAV): Visión General

La necrosis avascular, abreviada N A V, también denominada osteonecrosis de cadera, es una afección en la que hay una falta de riego sanguíneo en la esfera del hueso del muslo, conocida como cabeza femoral. Sin los nutrientes que proporciona el riego sanguíneo, las células óseas de esta zona empiezan a morir. Esto provoca cambios en la estructura ósea y, finalmente, artrosis. La necrosis avascular puede afectar también a otras articulaciones del cuerpo, pero la más frecuente es la cadera. Cada año se diagnostican entre 10.000 y 30.000 nuevos casos de necrosis avascular de cadera en Estados Unidos.

Aunque afecta a personas de todas las edades, es más frecuente entre los 30 y los 65 años. Como ya se ha mencionado, la necrosis avascular es el resultado de la falta de riego sanguíneo en la articulación de la cadera. Se han identificado numerosos factores de riesgo que provocan esta alteración, entre los que se incluyen las lesiones traumáticas de la articulación de la cadera, como la rotura de la parte superior del fémur, o la luxación de la articulación de la cadera.

Otros factores de riesgo son el abuso de alcohol, el consumo de dosis elevadas de esteroides, las enfermedades autoinmunes o cualquier otra afección médica subyacente que pueda comprometer el riego sanguíneo del organismo. Sin embargo, en varios casos no se identifica una causa específica. Veamos más de cerca la anatomía de la articulación de la cadera.

La articulación de la cadera es una articulación tipo esfera cavidad, la porción superior del hueso del muslo, el fémur, tiene una proyección en forma de esfera denominada cabeza femoral. La cabeza femoral está rodeada por la parte de la pelvis denominada acetábulo. Tanto la superficie de la cabeza como la de la cavidad están recubiertas de un tejido conjuntivo liso denominado cartílago.

El cartílago rodea tanto la cabeza como la cavidad, lo que permite que la articulación de la cadera se mueva suavemente y sin dolor, ya que no contiene fibras nerviosas. El riego sanguíneo de la cabeza femoral procede de pequeñas arterias denominadas vasos retinaculares. En la necrosis avascular, el flujo sanguíneo a estas pequeñas arterias se interrumpe y el hueso de la cabeza femoral empieza a colapsarse.

A medida que las células óseas mueren debido a la falta de apoyo del hueso subyacente, la superficie del cartílago se vuelve irregular, lo que conduce al colapso y, finalmente, a la artrosis. Sin embargo, este proceso no se produce de la noche a la mañana y suele llevar meses o años. De hecho, los pacientes con necrosis avascular de cadera pueden no presentar síntomas al principio.

A medida que la enfermedad progresa, aparecen dolores en la cadera, sobre todo en la ingle. Sin embargo, el dolor también puede aparecer en el muslo, la rodilla, la nalga o la parte baja de la espalda. Este dolor puede aparecer con la actividad o incluso en reposo. Cuando acuda a un médico, éste estudiará detenidamente el historial médico del paciente.

Durante un examen físico, el médico observará al paciente al caminar para ver si cojea. También evaluarán el movimiento de la cadera. A menudo, el dolor se provoca con el movimiento de la cadera, que también puede verse limitado a medida que avanza la afección. Para que un proveedor pueda hacer el diagnóstico de necrosis avascular, se requieren estudios de imagen.

Las radiografías son la prueba de imagen inicial solicitada, que en fases posteriores permite identificar signos de colapso óseo. En este ejemplo puede verse la línea azul que delinea la forma normal de la cabeza femoral. Ahora, en rojo, podemos ver cómo la cabeza femoral se deforma a medida que se produce el colapso óseo.

Al principio, es posible que no se detecten signos en las radiografías. Los estudios de resonancia magnética son los mejores para la detección precoz, donde se puede ver la falta de riego sanguíneo a la bola de la articulación de la cadera. Tras revisar minuciosamente las pruebas de imagen y correlacionarlas con el historial médico y los síntomas del paciente, el médico determinará y comunicará el siguiente curso de acción para el tratamiento.